
the-absolute-best-photography:
Ahn Jun
Self - Portrait
2008
HDR Ultra Chrome Pigment Print
30”x40”

the-absolute-best-photography:
Ahn Jun
Self - Portrait
2008
HDR Ultra Chrome Pigment Print
30”x40”
Frédéric Chopin - Etude in E-flat minor, Op. 10 No. 6
performed by Sviatoslav Richter

Château de Chamarande, Chamarande, France
Tycho - Systems

Alegoría de lo rural I :
Empezando por el principio, podemos citar las consecuencias obvias y las ventajas tácitas de vivir en un pueblo. Nada más empezar, oyes algo más que la nada de tu piso artificialmente insonorizado, si tienes suerte, agregado al estridente sonido de tu despertador. Si no tienes suerte, puede que no te despierte tu despertador, sino un coche pitando, una sirena, o similares.
Viviendo en el ambiente rural, te despiertan las campanas de la plaza de tu pueblo, como primer ejemplo. Como segundo ejemplo, te puede despertar el gallo del huerto anexo al tuyo; equivalente al tocacojonismo de un despertador clásico. Como tercero, la bandada de pájaros local se alegra todos los días de ver salir el sol, y lo celebran cantanto ampliamente. Cualquiera de estos tres casos, o todos a la vez (como hoy en mis zapatos) son solo un gran motivo para vivir en un pueblo.
Continuando por las sendas de las observaciones en salud, pasamos de lo psicológico al comenzar el día, a lo físico, de cara a mantenerse en el ámbito campestre; Deporte.
Haz deporte, coño. ¡El deporte es bueno! ¡Y sano! Pero eso sí, si lo haces en ciudad, que sepas que el humo del diésel da cáncer. Demostrado. Además, el deporte debe ser un método de desestrés, calma y recogimiento personal. Eso de ponerse a sudar en la calle, rodeado de humos, sonidos estridentes e invasivos, gente yendo de un lado para otro… seamos sinceros… no es relajante. Y mucho menos la ‘alternativa’ de encerrarse entre cuatro paredes a sudar haciendo cardio mediocre en una cuadra de bicicletas estáticas, junto a otras tantas personas en las mismas circunstancias que tú. Ah, y encima pagando.
¡Sal al monte! ¡Corre entre árboles! ¡Disfruta del olor de la campiña! Lo más molesto que puede pasarte es que te tragues un mosquito.
Alegoría de lo rural I, finalizado. Si han disfrutado, esperen a la parte II .
Son las siete de la mañana. Entra un efímero frescor matutino por mi ventana abierta. Oigo los pájaros revolucionados, alegres de volver a ver el sol despuntando en el horizonte. La carrera por ganar centímetros de luz en la caseta de contadores eléctricos de mi pequeña barriada rural es un insultántemente metafórico suceso.
El reloj de la plaza comienza su alegre tañido. El gallo que vive detrás dos cuadras más allá de mi huerto empieza a cantar en la sexta campanada.
Mi gata me mira con los ojos entrecerrados acosados por lagañas desde el pie de mi cama. Me está diciendo: ‘Tengo sueño, pero también tengo hambre’. Claro que sí, felino. Todas las mañanas, todos los días.
Me despierto motivado por el sabor y el olor hipotéticos de las tostadas que estoy a punto de fabricarme. El agua del té negro ya está hirvendo en mi cabeza.
Mis zapatillas deportivas están llenas de barro del último día. Hace apenas tres, estuvo lloviendo. Espero que los caminos rurales que llevan a Fontellas de Ayerbe estén menos mojados que la última vez.
Hay que plantarse en humilde carrera al sol.